La abuela Emilia y el abuelo Ramón, por parte de madre. Vivíamos con ellos en Tacuarembó, así que los tuve muy cerca.
La abuela era chiquita y fuerte, hacía tortas fritas los días de lluvia y nos dejaba comerlas en la cama. Me enseñó a leer con los diarios viejos. El abuelo era callado; tallaba pajaritos de madera en el patio con un cortaplumas, y me dejaba mirar. Uno de esos pajaritos está en la repisa de mi cocina.
A los padres de mi padre casi no los conocí. Vivían en el campo y los veíamos una vez al año, para Navidad.

